La derrota del UCAM Murcia en Gran Canaria duele. Duele por la forma, por el momento y por la sensación de desconexión que transmitió el equipo durante demasiados minutos. Pero no todas las derrotas son iguales ni todas conducen al mismo lugar. Algunas, como ya ocurrió esta misma temporada en Sarajevo o ante el Breogán, pueden convertirse en un punto de inflexión. En una oportunidad para resetear, mirarse al espejo y recordar quién eres y cómo has llegado hasta aquí de cara al tramo final de la primera vuelta.
No sería la primera vez que este UCAM utiliza un tropiezo como impulso. Aquellos partidos dejaron cicatriz, sí, pero también enseñanzas. Tras ellos, el equipo reaccionó con una mentalidad mucho más reconocible: intensidad, solidaridad defensiva, lectura colectiva del juego y una fe absoluta en la idea del entrenador. Justo los pilares que han sostenido una temporada notable y que explican la posición que ocupa el equipo a estas alturas del curso.
El partido en Gran Canaria fue, precisamente, todo lo contrario. Faltó cohesión, intensidad defensiva, fluidez ofensiva y, sobre todo, faltó esa sensación de bloque compacto que ha hecho de esta plantilla un rival incómodo para cualquiera. Cuando las individualidades destacan por encima de la identidad colectiva, el equipo deja de ser competitivo.
Conviene recordar de dónde viene este proyecto. Este año se ha formado un equipo con prácticamente el mismo presupuesto que la temporada pasada. En ese aspecto, no ha cambiado nada. No hay grandes estrellas ni margen para el despiste. Lo que sí hay es una plantilla diseñada para funcionar desde el compromiso, la confianza mutua y la fidelidad a una idea muy clara. Cuando todos reman en la misma dirección, el UCAM compite. Cuando no, se diluye.
La clave, por tanto, no está en dramatizar la derrota, sino en interpretarla correctamente. Este equipo ya ha demostrado que sabe levantarse. Que entiende el mensaje cuando recibe un golpe. Que es capaz de encarar los siguientes encuentros con la misma mentalidad y el mismo juego que lo han llevado a ser una de las revelaciones del campeonato.
Gran Canaria debe servir para eso: para resetear. Para volver a lo básico. Para recordar que el éxito del UCAM Murcia no está en el talento individual, sino en la suma de esfuerzos, en la defensa colectiva y en la fe ciega en el plan del entrenador. El día que eso no se hace, llegan las derrotas. Pero si algo ha demostrado este grupo es que sabe aprender de ellas. Ahora toca comprobar si esta caída será una más en la estadística… o el inicio de otra reacción que confirme que este equipo, cuando cree y compite como uno solo, está muy por encima de sus limitaciones.

















































