La jornada 16 de la Liga Endesa dejó para el UCAM Murcia una victoria de gran valor ante Casademont Zaragoza que no solo sirvió para alcanzar un balance histórico de once triunfos y cinco derrotas, el mejor arranque de la entidad en la ACB, sino también para confirmar el crecimiento de una de las figuras que mejor simboliza la identidad competitiva del equipo de Sito Alonso esta temporada, Devontae Cacok. El pívot estadounidense con pasaporte jamaicano volvió a firmar un partido de alto impacto en ambos lados de la pista y terminó de conquistar a una afición que, no hace tanto, observaba su fichaje con escepticismo.
Cacok llega a este punto del curso con unas medias que reflejan su peso real en el juego del UCAM Murcia. Hasta el momento promedia algo más de diez puntos por partido (10,6) con porcentajes altísimos cerca del aro, rondando el 70,5% en tiros de dos, a lo que suma casi cinco rebotes por encuentro (4,8) y una valoración media cercana a los 13 créditos. Números que no siempre explican todo lo que aporta, pero que ayudan a entender por qué su presencia en pista ha ido creciendo con el paso de las jornadas y por qué el equipo gana en ritmo y agresividad cuando él está sobre el parqué.
Su historia esta temporada tiene un contexto especial. Tras pasar alrededor de año y medio alejado de las pistas, las dudas eran inevitables, tanto por su estado físico como por su capacidad para adaptarse al ritmo y la exigencia de la Liga Endesa. La afición murciana, siempre exigente, esperaba respuestas y ha ido ofreciéndolas partido a partido, a base de trabajo, intensidad y una energía constante que conecta con la grada. El encuentro frente a Zaragoza fue el mejor ejemplo de ello. Cuando cometió su cuarta falta personal en el tercer cuarto, en un momento en el que estaba siendo uno de los mejores jugadores del choque, el Palacio de los Deportes respondió con una ovación que fue mucho más que un aplauso circunstancial. Fue el reconocimiento a su esfuerzo, a su entrega y a su importancia real dentro del equipo.
En lo puramente baloncestístico, se ha convertido en una pieza muy útil tanto en ataque como en defensa. Su intensidad atrás le permite defender cambios con solvencia y aportar una agresividad que contagia al resto del equipo. Tiene una gran lectura del pick and roll, sabe cuándo continuar hacia el aro y cuándo generar ventajas para los exteriores, y además imprime una velocidad al juego que sorprende a muchos rivales. Es un jugador más rápido que la mayoría de los pívots de la liga, lo que permite al UCAM acelerar el ritmo, castigar en transición y descolocar defensas que no llegan a ajustar. En ataque, lejos de limitarse al juego por encima del aro, cuenta con buenos movimientos en el poste y recursos para finalizar cerca del aro con eficacia.
Ese despliegue físico y emocional tiene también su contrapunto. El único pero en el rendimiento de Cacok sigue siendo su tendencia a cargarse de faltas en algunos encuentros. Su intensidad, en ocasiones, juega en su contra y le lleva a cometer personales rápidas que condicionan su continuidad en pista. Es un jugador de mecha corta, de los que vive el partido al máximo, y ese aspecto forma parte de su ADN competitivo, aunque también marca uno de los principales puntos de mejora de cara a la segunda vuelta.
Con todo, Devontae Cacok ha pasado de ser una incógnita a convertirse en un jugador querido y respetado por la afición del UCAM Murcia. La ovación recibida ante Zaragoza no fue casualidad, sino la confirmación de que su esfuerzo y su impacto no pasan desapercibidos. En un equipo que ha hecho de la intensidad, la defensa y el ritmo alto sus señas de identidad, encaja como una pieza clave en un engranaje que sueña con seguir haciendo historia esta temporada.

















































