Hércules CF y FC Cartagena se ven las caras en el Estadio José Rico Pérez tras casi quince años sin enfrentarse en partido oficial (desde agosto de 2011). Lo que debería ser una fiesta del fútbol regional se ha convertido, sin embargo, en un examen de supervivencia para ambos, especialmente para un Efesé que llega envuelto en una tormenta institucional y deportiva.
El «sueño» de Raúl Guillén ante el bloqueo del club
La gran novedad de la semana es el relevo en el banquillo albinegro. Tras la destitución de Javi Rey el pasado martes, el cartagenero Raúl Guillén ha asumido las riendas de forma interina. Aficionado confeso que hace poco animaba desde la grada, Guillén no oculta su emoción: «Es un sueño hecho realidad; dirigir a jugadores como De Blasis o Nacho Martínez es un orgullo y una responsabilidad».
Sin embargo, el técnico del filial debuta en un contexto crítico, ya que el club vuelve a tener los derechos de inscripción suspendidos por un impago a Ríos Reina con sentencia judicial. Esto impide, de momento, tramitar la ficha de un nuevo entrenador y complica los movimientos de mercado. Guillén no podrá contar con su máximo referente ofensivo, Alfredo Ortuño, ni con Marco Carrascal, ambos lesionados.
Un Hércules obligado a despertar
El conjunto alicantino, dirigido por Beto Company, tampoco atraviesa su mejor momento. Al igual que el Cartagena, solo ha sumado 3 de los últimos 12 puntos y busca su primera victoria de 2026 para no mirar más hacia el descenso que hacia el playoff.
Con las únicas bajas de Soldevila y Dapaah, el Rico Pérez espera ver el debut como titular de Josep Calavera. Los herculanos intentarán hacer valer las estadísticas, ya que el balance global en Alicante favorece a los locales (12 victorias frente a 7 albinegras), aunque el Cartagena ha puntuado en 6 de sus últimas 9 visitas al feudo blanquiazul.
Duelo de necesidades en la zona media
Empatados a 28 puntos, quien logre la victoria dormirá en puestos de promoción o muy cerca de ellos, mientras que el derrotado quedará sumido en una crisis profunda. Raúl Guillén ha insistido en recuperar la «garra de lobo dormido» de su plantilla y espera un Cartagena ambicioso, similar al que remontó ante el Europa la pasada jornada.
Quince años después, el Rico Pérez vuelve a ser el escenario de un «clásico» donde el cartagenerismo se juega la estabilidad de un proyecto que busca desesperadamente un nuevo rumbo.


















































