Emociones fuertes en la Rod Laver. Un chaval de El Palmar se ha empeñado en comer en la misma mesa de los más grandes de este deporte, y no es sólo un sueño o una temeridad. Carlos Alcaraz acudió al Open de Australia con el título entre ceja y ceja. Nunca había pasado de cuartos en sus cuatro participaciones previas.
Cuentas pendientes que está resolviendo en esta edición. A la heroica. Dejando huella en uno de esos encuentros que emocionó a los presentes, pegó a las pantallas a los espectadores a distancia. Una nueva salvajada en el palmarés de hechos extraordinarios de Alcaraz, «en el partido más exigente físicamente de mi carrera». Una gesta que quedará en el recuerdo, en los anales del evento.
Se tomó la revancha de la derrota de 2024 ante el alemán Alexander Zverev, con una determinación impresionante en los buenos y en los momentos más delicados, cuando fue víctima de los calambres mediado el tercer set, cuando rozaba la victoria.
Una lección de resiliencia y clase, de esa madurez que está exhibiendo en el torneo, el primero oficial del curso. A sus 22 años, número uno mundial, derrotó a Alexander Zverev, 28 y nº 3, por 6-4, 7-6 (5), 6-7 (3), 6-7 (4),7-5 en 5h.27′.
Épico, sin poderse mover durante más de una hora. Con 3-3 en el tercer set vomitó, más tarde, con 4-4, quedó el drama al descubierto. Las rampas se apoderaron de su pierna derecha. Esperó a recuperarse, remontó en el quinto y definitivo set ‘in extremis’, cuando su rival sacó para final con 5-4. Se rebeló contra todo Alcaraz. Un superhéroe.


















































