La primera mitad en Teruel dejó un sabor agridulce para el Real Murcia. Durante el primer cuarto de hora, el encuentro careció de ritmo y ocasiones claras, con un dominio alterno que no terminaba de favorecer a nadie. Sin embargo, en el minuto 14, llegó el primer gran aviso. Pedro Benito exhibió su calidad con un control orientado y un pase filtrado preciso para Ekain, cuyo remate de zurda obligó al guardameta local a estirarse para enviar el balón a córner. Fue, sin duda, la oportunidad más nítida de este tramo inicial.
A medida que avanzaba el reloj, el equipo de Colunga comenzó a perder el hilo del encuentro, mostrándose incapaz de dominar el esférico y sufriendo en exceso, especialmente en las jugadas a balón parado, donde el Teruel hizo valer su envergadura y fortaleza.
La controversia llegó cerca de la media hora de juego. Una disputa de balón de Jorge Mier en el área defensiva grana terminó en una revisión por posible penalti. Tras unos instantes de incertidumbre, el colegiado decidió no señalar nada al considerar que el contacto no era suficiente, una decisión que dejó dudas en ambos bandos pero que permitió a los granas seguir con vida en el marcador.
Pese a la floja imagen general del equipo en el primer tiempo, demostró que tiene colmillo en las transiciones. Cada vez que lograba zafarse de la presión y salir con velocidad, generaba sensación de peligro real. No obstante, el equipo pecó de una deficiente toma de decisiones en el último pase, desperdiciando contragolpes que podrían haber cambiado el guión antes del descanso.
La segunda mitad no cambió el guión de un partido que se fue volviendo más denso y difícil de digerir con el paso de los minutos. El Real Murcia buscó soluciones en el banquillo para romper la monotonía y el dominio de las defensas sobre los ataques.
Carrusel de cambios sin efecto. En el minuto 54, el cuerpo técnico grana movió las primeras piezas buscando mayor control y profundidad con la entrada de David Vicente y Sergio Moyita, retirando a Joel Jorquera e Isi Gómez. Más tarde, en el 67, fue el turno de David Flakus y Álvaro Bustos, quienes sustituyeron a Palmberg y Pedro Benito en un intento de refrescar una parcela ofensiva que empezaba a dar señales de agotamiento.
A pesar de las sustituciones, el encuentro entró en una fase de «centrocampismo» y juego interrumpido. No hubo ocasiones claras de gol en todo el segundo acto, repitiendo el esquema de una primera parte donde el respeto mutuo superó a la creatividad. Un partido duro, de mucho trabajo físico y pocas alegrías para el espectador, que terminó con el marcador inicial intacto y el reparto de puntos como el desenlace más justo para lo visto en el terreno de juego. El equipo pimentonero sigue interno en una crisis de resultados, con cuatro partidos consecutivos sin vencer y alejado de la zona alta una jornada más.




















































