Esa era la expresión más utilizada en los interiores y aledaños del Palacio al término del encuentro. “Nos vemos el sábado”. Lejos del derrotismo que podría provocar un marcador adverso, la afición y miembros del club se aferran a una fe inquebrantable. Y no es un acto de fe ciega; la gente cree porque ya lo ha visto. Porque este equipo, cuando parece que está en la lona, es cuando más y mejor sorprende.
El conjunto universitario va este jueves al Palau Blaugrana con una misión clara: igualar la eliminatoria frente al Barça y forzar el definitivo tercer encuentro en casa. El primer asalto dejó un sabor amargo (68-91), marcado por el peor registro anotador de la temporada y una desconexión fatal desde el minuto 7 al 20 del encuentro. Un mal tramo que los azulgranas no perdonaron, jugando con un colchón de puntos ante un UCAM frustrado que no logró encontrar su ritmo.
Un ADN de resistencia y precedentes para la esperanza
Sin embargo, ganar en Barcelona no es una utopía. Sito Alonso y los suyos ya saben lo que es asaltar el feudo azulgrana esta misma temporada; lo hizo el pasado 2 de noviembre (en la jornada 5) con una auténtica exhibición durante el primer tiempo.
Por si fuera poco, el retrovisor histórico invita al optimismo. Nadie olvida las eliminatorias del curso 23/24, cuando el equipo rompió todos los pronósticos en los Playoff. En aquella ocasión, se superaron dos rondas (cuartos de final y semifinales) únicamente con victorias a domicilio en canchas tan complejas como las de Valencia y Málaga, alcanzando la final por el título cuando nadie apostaba por ello.
Contagiar la energía del Palacio
El reto es, ante todo, un desafío mental y anímico. Tras el pitido final del primer partido, gran parte de los aficionados entusiastas se concentraron a la salida del pabellón para dar calor a sus jugadores. Ahora, el objetivo es que esa energía cale profundamente en la plantilla y la contagie de la fuerza necesaria para volver a asaltar el Palau.
La cita es este jueves (19:00h). El Barça buscará sellar su pase, pero el UCAM Murcia viaja con el orgullo herido y una consigna grabada a fuego en el vestuario. El objetivo no es otro que cumplir la promesa de su gente y hacer que el Palacio vuelva a vestirse de gala.


















































