El Consejo de Administración mueve ficha de urgencia ante la amenaza de los deudores y regresa al escenario financiero de 2009. Aquí te explicamos qué gana y qué pierde el club
El Real Murcia CF vuelve a una casilla de salida que le resulta dolorosamente familiar. El Consejo de Administración del club pimentonero, reunido de urgencia este pasado miércoles, ha tomado una decisión drástica pero calculada: solicitar el concurso voluntario de acreedores ante el Juzgado de lo Mercantil.
Este movimiento traslada de inmediato el tablero institucional a un escenario idéntico al que la entidad ya tuvo que afrontar en el año 2009. Pero, ¿qué ha llevado a la directiva a dar este paso justo ahora?
La razón principal: Un escudo para no perder el control
La explicación es puramente estratégica. La directiva liderada por Felipe Moreno manejaba información certera de que varios de sus deudores se estaban organizando para solicitar un concurso necesario con causa de disolución. Si los acreedores se hubieran adelantado, el club habría afrontado una amenaza real de desaparición y la pérdida total del control por parte de sus actuales gestores.
Al dar el paso de forma voluntaria, el Real Murcia consigue un beneficio clave:
- Seguir al mando: Felipe Moreno y su equipo mantienen las riendas de la entidad.
- Tutela, no sustitución: Si el juez lo aprueba, se nombrará a un administrador concursal. Esta figura controlará y fiscalizará minuciosamente cada movimiento económico del club, pero la gestión diaria seguirá en manos de los actuales dirigentes.
La cruz de la moneda: Toca pagar hasta el último euro
A pesar de que la jugada salva el control político del club, el peaje económico es bastante alto y explica por qué esta decisión es agridulce. Hasta hace poco, confiaban en un plan de reestructuración con el que pretendía quitarse de encima un porcentaje muy grande de su deuda privada, que actualmente asciende a 11 millones de euros.
Al optar por la vía del concurso voluntario, esa opción se cae. Ahora, la entidad grana no tendrá más remedio que alcanzar nuevos compromisos de pago y asumir la totalidad de la deuda privada. No habrá rebajas; tocará soltar todo el dinero de forma íntegra conforme a los plazos que se estipulen.
En definitiva, una maniobra de protección extrema. Sacrificas la posibilidad de reducir la deuda a cambio de blindar el control del club y evitar una quiebra forzosa.


















































