La reciente eliminación del UCAM Murcia en los cuartos de final de la Copa del Rey frente al Barça (91-85) ha dejado una lectura muy clara más allá del marcador. El equipo universitario ha cambiado su ADN. Lejos de las palmaditas en la espalda y del conformismo por haber plantado cara a uno de los colosos del baloncesto europeo, el pospartido nos dejó la imagen de un Sito Alonso insatisfecho y exigente. En Murcia ya no se viaja para participar; se viaja para luchar por el título.
Del premio de asistir a la rabia por no reinar
Hace apenas unos años, la simple clasificación para una fase final de la Copa del Rey era el premio definitivo, el culmen de la temporada y un motivo de celebración absoluta en la capital del Segura. Viajar, disfrutar del ambiente festivo y competir con dignidad era más que suficiente. Sin embargo, la revolución mental lleva la firma de Sito Alonso, que en rueda de prensa fue tajante: «A mí el casi no me vale, no lo compro. Si compramos el casi, un club como nosotros no va a llegar ni a intentarlo». El técnico no quiere que su equipo sea recordado como el conjunto simpático que puso en apuros a los grandes, sino como el equipo que los derriba.
Toda la expedición murciana llegaba a esta cita convencida de que este era el año. Se respiraba en el vestuario, en la directiva y en la grada que había llegado el momento de competir de tú a tú contra cualquiera, sin complejos de inferioridad, tal y como se está demostrando en Liga Endesa, donde marchan 3º con 14 victorias en 20 encuentros disputados.
Mirando a los ojos a los gigantes
Durante muchos minutos del partido, el UCAM Murcia demostró esa grandeza, dominando a una plantilla que el propio Sito definió como «estratosférica», repleta de estrellas que castigan el más mínimo error. Llegar a ir ganando de 6 puntos en el último tramo del partido demuestra que la victoria era una realidad tangible, no una utopía.
Por ello, el mensaje del entrenador a sus pupilos fue contundente y puramente ganador: «Que nuestros jugadores estén tristes por no haber podido con ellos no me vale, tienen que estar rabiosos (…) para que la siguiente vez aprendamos de esto y podamos ganarles. No me vale el casi, lo que vale es ganar. Esta es nuestra ambición máxima». El conformismo está desterrado. Sito exige que se identifiquen como iguales frente al Barça, el Madrid o quien se ponga por delante.
Una afición que ya es campeona
Este profundo cambio de mentalidad no sería posible sin el respaldo incondicional de una afición que ha entendido y abrazado el mensaje de su líder de principio a fin. El propio técnico reconoció que, si bien el billete a semifinales se esfumó en la pista, hubo otra victoria aplastante que se llevaron a casa: «La batalla de la afición la ganamos de sobra, somos los mejores con una diferencia abismal». El público murciano ha entendido que «no vale con venir a competir o disfrutar». Ahora viajan para empujar a su equipo hacia la gloria, demostrando exactamente la misma ambición desmedida que transmite el banquillo.
El futuro es ahora
El proyecto del UCAM Murcia bajo la batuta de Sito Alonso ha roto su techo de cristal. El objetivo ya no es ser la revelación del torneo ni conformarse con aplausos morales. La meta es instalarse de forma definitiva en la élite, exigir respeto a base de victorias y creer firmemente que ningún rival es invencible, a pesar de las diferencias económicas en plantilla. Porque en el diccionario del nuevo UCAM Murcia, la palabra «casi» ha sido borrada para escribir en mayúsculas una única obsesión: GANAR.


















































