El Real Murcia atraviesa su momento más delicado desde que Adrián Colunga asumiera las riendas del primer equipo. Aquella inyección de optimismo que trajo el técnico asturiano tras su promoción desde el Imperial parece haberse desvanecido por completo, dejando paso a una crisis de resultados que ya suma cuatro jornadas consecutivas sin conocer la victoria. Lo que antes eran triunfos balsámicos y una escalada ilusionante en la tabla, hoy se ha convertido en un bloqueo colectivo que ha sacado al conjunto grana de los puestos de playoff.
La racha negativa es especialmente preocupante por la imagen ofrecida en los últimos compromisos. Tras el doloroso 0-2 ante el Algeciras en el Enrique Roca, el equipo volvió a mostrarse «romo» en ataque este pasado domingo, rascando apenas un empate sin goles (0-0) ante el Teruel. Con solo 2 puntos de los últimos 12 posibles (empate ante Hércules y Teruel; derrotas ante Ibiza y Algeciras), el «efecto Colunga» ha dado paso a una realidad donde la falta de acierto ofensivo y la fragilidad defensiva vuelven a ser los protagonistas.
No se puede analizar este bache sin tener en cuenta el hospital en el que se ha convertido el vestuario pimentonero. Colunga ha tenido que hacer encaje de bolillos debido a una plaga de lesiones que ha afectado a pilares fundamentales. Una defensa en cuadro con jugadores como Jorge Mier, Héctor Pérez, Alberto González y Antxón Jaso, que han pasado por la enfermería, obligando al técnico a improvisar con jugadores del filial (como Jorge Sánchez) o reubicar a laterales en posiciones centrales. La incertidumbre con la vuelta de Moyita que ya regresó en Teruel, y en puestos de ataque con Álvaro Bustos y ahora Víctor Narro, recién incorporado en el mercado invernal, también con molestias, siendo baja de última hora en el día de ayer.




















































