No es un domingo cualquiera para el Real Murcia. En plena crisis de resultados y con el agua empezando a rozar los aparejos, el conjunto grana afronta en Villarreal una auténtica prueba de fuego. No solo están en juego tres puntos, sino la credibilidad de un proyecto que necesita demostrar que aún tiene pulso para pelear por algo más que la supervivencia en esta Primera Federación.
Una racha que asfixia
El balance reciente del equipo es, sencillamente, preocupante. Con solo dos puntos sumados de los últimos dieciocho posibles, los granas han caído hasta la 15ª posición, provocando la destitución de Adrián Colunga como técnico y situándose peligrosamente cerca de los puestos de descenso que marca el Juventud Torremolinos. La falta de pegada sigue siendo el gran talón de Aquiles de los pimentoneros, que apenas han logrado perforar la meta rival en este tramo de competición.
Será el primer encuentro dirigido por el nuevo entrenador, Curro Torres, sabedor de que el margen de error se ha agotado. Durante la semana, el técnico ha hecho hincapié en que no es cuestión de una mala actitud o poco trabajo por parte de los jugadores, sino de mejorar en ciertos aspectos tácticos. La mirada también está puesta en los hombres de arriba, Flakus Bosilj y en el flamante refuerzo invernal, el yeclano Juanto Ortuño, de quien se espera que aporte esa veteranía y olfato goleador que tanto ha echado de menos el Enrique Roca.
El muro amarillo: Un filial al alza
En frente estará el Villarreal B. El equipo dirigido por David Albelda llega en una dinámica diametralmente opuesta. Séptimos en la tabla con 36 puntos, los castellonenses están a un solo paso de entrar en la zona noble tras sumar once de quince puntos posibles en las recientes jornadas. Su fútbol es el típico de la cantera «grogueta»: verticalidad, calidad técnica individual y una frescura física que suele castigar a los equipos que no mantienen la intensidad los noventa minutos.



















































