El banquillo del Enrique Roca vuelve a cambiar de inquilino. Curro Torres ha sido el elegido para tomar las riendas del Real Murcia en sustitución de Adrián Colunga. Esta decisión supone un nuevo volantazo en una temporada 2025/2026 que, concebida inicialmente como la del asalto definitivo al fútbol profesional mediante una fuerte inversión económica, se está convirtiendo en un ejercicio de supervivencia en la exigente Primera RFEF.
El espejismo de Colunga y la cruda realidad matemática
La etapa de Adrián Colunga al frente del equipo grana ha estado marcada por los contrastes. El técnico asturiano asumió el reto en un momento crítico y logró el encomiable hito de sacar al equipo del pozo del descenso (era colista) para llevarlo incluso a la zona de playoff, encadenando una ilusionante racha de jornadas sin conocer la derrota.
Sin embargo, el arranque de este 2026 ha sido letal para su proyecto. El equipo ha sumado tan solo 5 de los últimos 21 puntos posibles, ofreciendo una imagen preocupante, huérfana de ideas en la creación de juego y carente de respuestas ante las adversidades. Tras 24 jornadas disputadas, los números no engañan y la clasificación aprieta. El equipo se encuentra a tan solo 3 puntos del descenso, marcado actualmente por el Juventud Torremolinos, mientras que la zona de playoff queda ya a 5 puntos de distancia, fijando la frontera el Villarreal B con 36.
La trituradora de entrenadores: un problema sistémico
Con el aterrizaje de Curro Torres, la entidad pimentonera suma ya su tercer entrenador en lo que va de temporada, tras el paso de Joseba Etxeberria y el propio Colunga. Si ampliamos la perspectiva, el dato es aún más demoledor: es el séptimo en las últimas cuatro temporadas de la entidad deambulando por la tercera categoría del fútbol español (Mario Simón, Gustavo Munúa, Pablo Alfaro, Fran Fernández, Joseba Etxeberria, Adrián Colunga, *Curro Torres).
Esta alarmante inestabilidad en los banquillos invita a una reflexión más profunda. Cuando los proyectos fallan año tras año, las plantillas no rinden como se espera y la rotación de técnicos se convierte en la norma, el foco de la crítica debe, inevitablemente, elevarse hacia los despachos.
Felipe Moreno: luces institucionales y sombras deportivas
Nadie en el entorno murcianista duda del papel providencial de Felipe Moreno. Su llegada fue un auténtico salvavidas institucional y económico para un club que se asomaba al abismo. Ha saneado las cuentas, ha devuelto la tranquilidad a los empleados y ha despertado la ilusión de una masa social inquebrantable, que hoy cuenta con más de 18.000 abonados fieles que demuestran cada fin de semana ser de una categoría superior.
No obstante, el césped es el juez supremo del fútbol, y los resultados evidencian que la gestión en el área deportiva no está a la altura de la institucional. La exigencia de la Primera RFEF requiere de especialistas. Es imperativo que la propiedad valore seriamente la opción de modificar su estructura, delegando responsabilidades en directores deportivos y secretarios técnicos que conozcan los entresijos de la categoría y sepan confeccionar plantillas equilibradas.
El Real Murcia necesita dar con la tecla exacta para salir del laberinto. Curro Torres llega ahora para intentar «salvar los muebles» de un año convulso, pero el verdadero ascenso del club a medio y largo plazo comenzará cuando se logre el mismo acierto en los despachos deportivos que el que se ha obtenido en los financieros. Una entidad con casi 120 años de historia y su gran afición, no merece menos.


















































