El Real Murcia iniciaba el encuentro con una losa anímica importante. La victoria del Torremolinos frente al CE Europa los había empujado matemáticamente a los puestos de descenso. Esa urgencia pareció pasarle factura al equipo de Curro Torres desde el pitido inicial.
Óscar Gil da oxígeno al filo del descanso a un Real Murcia frágil en defensa
En apenas 6 minutos disputados, un grave error de la zaga condenó al equipo y sirvió en bandeja el primer gol del filial groguet. Este temprano mazazo marcó la dinámica de toda la primera mitad. Se vio a los granas con mucha fragilidad defensiva, sufriendo con errores no forzados en la salida de balón y despistes en las marcas, especialmente señalados en las figuras de Alberto González y Jon García. De hecho, el marcador pudo haber sido mucho más abultado en contra de los locales, si hubieran mostrado mayor acierto en los metros finales.
Sin embargo, cuando el panorama pintaba más oscuro para los pimentoneros, llegó el salvavidas. Justo antes del pitido que señalaba el camino a los vestuarios, una buena internada del brasileño Palmberg por la banda izquierda terminó con un centro al borde del área. Allí apareció Óscar Gil para conectar un gran golpeo, imparable para el guardameta rival, firmando un empate que supuso una auténtica bombona de oxígeno para el equipo de cara a la segunda mitad.
Resistencia estoica en la segunda tras la expulsión de Palmberg
Tras el paso por los vestuarios, la segunda mitad arrancó con fuerzas igualadas y un ritmo más controlado, pero el guion deparaba un nuevo y grave contratiempo para el cuadro pimentonero. Corría el minuto 58 cuando Palmberg —actor clave en el tanto del empate murciano— intentó despejar un balón levantando en exceso la pierna ante la incursión de un atacante amarillo. Lo que en primera instancia el árbitro señaló como un simple libre indirecto por juego peligroso, cambió de color tras la intervención de la tecnología. Tras revisar la acción en el sistema FVS (Football Video Support), el colegiado rectificó su decisión y mostró la tarjeta roja directa al jugador grana, dejando al equipo en inferioridad numérica con más de media hora de encuentro por delante.
Ante esta emergencia, Curro Torres tuvo que intervenir de inmediato desde el banquillo, sacrificando a Ekain para dar entrada a Sekou y tratar de tapar el agujero generado en el centro del campo. A partir de ese momento, el partido se convirtió en un auténtico ejercicio de supervivencia para los locales. Sin embargo, lejos de hundirse por la expulsión, el equipo demostró una gran entereza. La inferioridad numérica no mermó el orden táctico de un Murcia que supo sufrir ante un Villarreal B que llegaba en alza. Incluso, en sus mejores momentos de esta fase, los granas se atrevieron a salir al contragolpe, demostrando ambición para intentar llevarse algo más que un punto.
Al final, el enorme esfuerzo físico y defensivo tuvo su recompensa. El Real Murcia logró amarrar un empate que, dadas las complicaciones del partido, vale su peso en oro y les permite cerrar la jornada fuera de los puestos de descenso. Una salvación momentánea y por la mínima, con una jornada aún pendiente, que da un respiro al equipo, pero que también deja claro que queda mucho trabajo táctico por hacer durante los próximos días



















































