Acierto inmaculado y reacción obligada. El partido arrancó con un guión dominado absolutamente por el conjunto taronja, que firmó una salida en tromba (19-2). La puntería local fue letal. Anotaron sus cinco primeros lanzamientos desde más allá del perímetro, imponiendo además una tiranía en el rebote que asfixió las intenciones visitantes. Al ver el panorama, Sito Alonso no dudó en agitar el árbol y cambió a su quinteto al completo de forma prematura. La drástica decisión surtió efecto y el UCAM Murcia logró encontrar oxígeno gracias a la inspiración de la segunda unidad, comandada por Michael Forrest, Kelan Martin y Jonah Radebaugh, quienes lograron contener la hemorragia para cerrar el primer acto con un 30-19.
Castigo en transición y problemas de faltas. El espejismo del tramo final del primer cuarto se desvaneció rápido. El UCAM regresó a la pista repitiendo los mismos errores del inicio y la brecha en el luminoso no tardó en ensancharse. A la falta de ritmo del cuadro murciano —evidente tras el parón competitivo— se le sumaron los contratiempos en la pintura, pues Devontae Cacok cometía su tercera falta personal a falta de seis minutos para el descanso, obligando a Sito a dar entrada a Moussa Diagne.
El equipo de Pedro Martínez castigó sin piedad. Con muy poco, el Valencia Basket hacía mucho daño, martilleando al contraataque y dominando físicamente los aros con una diferencia clara en rebote (25-15). Aunque los universitarios experimentaron una leve mejoría en los compases finales por mediación del talento individual de DeJulius, antes de enfilar los vestuarios, la losa ya era pesada (55-39).
Un amago de rebelión rápidamente sofocado. El paso por los vestuarios pareció sentar bien al cuadro visitante, que firmó una salida fulgurante en la reanudación. A base de dar un paso al frente en agresividad defensiva, el UCAM Murcia logró cortocircuitar el ataque local provocando tres pérdidas consecutivas. Esos errores se tradujeron en rápidas canastas al contraataque que, por un momento, invitaron al optimismo en el banquillo de Sito Alonso.
La sexta marcha taronja y el desplome murciano. Sin embargo, el ímpetu universitario no fue más que un espejismo. Lejos de dudar, el conjunto taronja recuperó el pulso del encuentro de inmediato, metió la sexta marcha y desplegó un vendaval de juego que terminó por mandar a la lona a su rival. Ante este aluvión, el UCAM evidenció un claro desgaste. El equipo se mostró fundido, acusando gravemente esa falta de ritmo e intensidad competitiva tras el parón.
Para terminar de dinamitar el choque, el Valencia Basket no levantó el pie del acelerador y mantuvo su idilio con el aro. Los de Pedro Martínez prosiguieron exhibiendo un acierto desorbitado en los tiros de campo, castigando cada mínima grieta defensiva y ampliando una brecha que ya se antojaba insalvable para las piernas murcianas. El macador final fue de 1110-84 con un 16/30 en triples.
DeJulius fue el mejor en los murcianos, con 20 puntos y 4 asistencias, que viajarán hasta Italia mañana mismo para afrontar los cuartos de final de FIBA Europe Cup ante Reggio Emilia.


















































