El cierre de los test de MotoGP en Sepang ha dejado una radiografía inquietante para las fábricas perseguidoras. Mientras Álex Márquez asombraba al ‘paddock’ con un ritmo de carrera demoledor que le devuelve la confianza —bromeando incluso con que «no se le ha olvidado ir en moto»—, su hermano Marc completaba un programa sólido de menos a más. Sin embargo, la nota discordante y más cruda la puso Pedro Acosta, quien a pesar de ver brotes verdes en su KTM, terminó la jornada con la guardia alta ante el insultante dominio de las máquinas de Borgo Panigale.
En el plano técnico, el ‘Tiburón de Mazarrón’ reconoció avances significativos. Acosta validó las mejoras en el chasis, el paso por curva y, sobre todo, una gestión térmica de los neumáticos mucho más eficiente que en la temporada pasada. Aunque admitió algunos errores en su búsqueda del 1:56 debido a la dificultad de adaptar la configuración nueva a la estándar, el murciano se mostró convencido de que la base para esta campaña es superior. No obstante, esta satisfacción mecánica se vio rápidamente empañada por la realidad del cronómetro al analizar los simulacros de carrera de sus rivales.
La contundencia de Acosta llegó al evaluar el rendimiento de las Ducati, y específicamente el de Álex Márquez. «Su simulacro da miedo», confesó el piloto de KTM, dejando caer una advertencia que ya suena a declaración de intenciones: «Como sea así todo el año, va a ser un año de padecer, sufrir y poner sonrisas falsas». Con estas palabras, el murciano rompe la diplomacia habitual de la pretemporada y deja claro que su paciencia tiene un límite; no está en MotoGP para ser un figurante optimista, sino para pelear por la victoria sin máscaras.
Con la vista puesta en los próximos test de Tailandia, donde KTM espera introducir la actualización definitiva, la presión se traslada ahora a los ingenieros de Mattighofen. Acosta ha sido el primero en señalar que Ducati ha dado «otro paso» inesperado y que su capacidad de reacción debe ser inmediata. El mensaje es nítido: o la evolución de la RC16 permite plantar cara a la armada italiana desde la primera cita, o el 2026 será un año de alta tensión interna en el box naranja ante un piloto que se niega a conformarse con el sufrimiento.




















































