Carlos Alcaraz sufrió en el US Open del año pasado, uno de sus momentos más duros. El español, que tenía ante sí la oportunidad de conseguir ganar tres Grand Slam consecutivos, fracasó estrepitosamente en la segunda ronda del abierto norteamericano. El neerlandés Botic Van de Zandschulp fue muy superior y, de manera inapelable, le endosó un contundente 6-1, 7-5 y 6-4 en dos horas y 19 minutos.
Por suerte, las cosas han cambiado para el tenista de El Palmar. El tenista murciano llega a esta ronda tras superar con solvencia al cañonero Opelka y tras lograr el título en el Masters 1000 de Cincinnati. “La próxima ronda será con más ritmo, con más puntos desde el fondo”, avisó el español tras batir a Opelka en tres sets. “Ahora mismo estoy muy contento con cómo me estoy sintiendo, pero intentaré entrenar un poco para ganar más ritmo. Vamos a intentar seguir poniendo horas en pista y cogiendo buenas sensaciones, pero hoy saco poco en claro de cara a lo que tengo que mejorar para la siguiente ronda”.
Opelka, como no podía ser de otra forma, se hizo fuerte desde su servicio e intentó resolver la mayoría de los intercambios en pocos puntos. Alcaraz lo aceptó y sobrevivió con muy buena nota, pero se marchó a su hotel sin extraer conclusiones nítidas de qué tiene que mejorar para seguir aspirando a todo en Flushing Meadows.
Tras irse a dormir muy tarde el lunes, Alcaraz amaneció con calma en su hotel del centro de Manhattan el martes por la mañana. Tras pasar el día con los suyos, el español apareció por Flushing Meadows a las seis de la tarde para entrenarse por espacio de una hora, cumpliendo con su promesa de poner horas en la pista para estar listo de cara al duelo con Bellucci, al que nunca antes se ha medido.
Esta noche, de nuevo en la sesión nocturna del US Open, Alcaraz buscará pasar a la tercera ronda. Para ello tendrá que cambiar el chip: del partido sin ritmo de Opelka a los intercambios peleados que le plantará su rival italiano.