Lo que en un principio debía ser una fiesta del fútbol, con dos rivales directos luchando por objetivos importantes, acabó siendo un partido en el que el juego fue lo menos importante en el estadio El Rubial.
En cuanto al juego, tanto Águilas como UCAM sabían la importancia de los puntos que se disputaban. La buena afluencia de público hizo esfuerzos por que ninguno de los 22 jugadores sobre el césped lo olvidara. El liderato para unos y el play-off para otros estaban en juego. Comenzó avisando hasta en dos ocasiones el conjunto aguileño sobre el área universitaria, pero ninguno de los intentos cogió puerta. Al cuarto de hora exacto, llegó la primera ocasión clara del UCAM. Con ella, la inauguración del marcador.
Una gran asistencia de Ale Marín, con sombrerito previo incluido, puso a correr a Dani Aquino rumbo al área local. El delantero murciano ganó la espalda de la zaga aguileña y se plantó mano a mano ante Salcedo. Pese a los esfuerzos del guardameta, que tocó la bola con su pie izquierdo, el envío acabó en las mallas de la portería. 0-1. Con el gol se produjo la primera acción que ensució el cruce. Unos pocos “aficionados” locales lanzaron objetos sobre los jugadores visitantes, que se encontraban celebrando en ese momento justo debajo de ellos.
Los primeros 45 minutos del encuentro estuvieron marcados por los balones largos, los duelos cuerpo a cuerpo, pero sobre todo por la presencia de jugadores del conjunto blanquiazul en campo contrario. Más en los minutos finales, con el descuento de 5 minutos incluido, en los que UCAM tuvo que saber sufrir en su área y resistir a los constantes centros que acechan la puerta de Ackermann. Pese a ello, Águilas FC no consiguió probar al meta uruguayo antes del entretiempo.
Poco fútbol y mucha polémica
El segundo tiempo comenzó exactamente igual que acabó el primero. Los hombres de Adrián Hernández tuvieron mucha más presencia en campo contrario y llevaron la iniciativa. La intensidad del choque, por otra parte, no decayó. Pronto, Javi Castedo probó fortuna desde fuera del área. El chut lo acabó atrapando Ackermann sin problemas. Pero los universitarios también tuvieron ocasiones para poner tierra de por medio. Ale Marín, primero rozando el larguero, después enviando el esférico al lateral de la red, pudo ampliar el marcador.
Ya con el minuto 70 en el marcador del estadio centenario, llegó la más clara del Águilas. Un testarazo a saque de esquina de Boris Kouassi, que había entrado en el descanso, se marchó cerca del palo derecho de la portería murciana. Con el paso de los minutos los locales apretaban y el ambiente embrabecía. En torno al 75 de partido llegó la recompensa para los aguileños. Un barullo en el área cayó en los pies de Boris, que levantó la cabeza y mandó la bola al palo largo, donde Facu Ackermann no pudo hacer nada. 1-1.
Pero poco les duró la alegría a los aficionados que ocupaban sus asientos en El Rubial. Ni cinco minutos más tarde, en torno al 80 de partido, el colegiado señaló un penalti que solo él vio. Una mano en el área que todo el banquillo, con la persistente colaboración de la grada, protestó efusivamente. No cambió la decisión. Mizzian, encargado de lanzar la pena máxima, engaño de lado a Acebedo y convirtió el 1-2.
A lo ya sucedido se sumaron nuevos eventos para manchar aún más el encuentro. La intensidad de los duelos y la imagen sobre el campo fue más propia de una batalla campal que de un partido de fútbol. Tanto que, producto de una tangana, Mizzian y Antonio Sánchez vieron la roja directa. El técnico aguileño, Adrián Hernández, también la vio. El fútbol acabó en ese momento. Pese a que el colegiado añadió 12 minutos, no se jugó nada más.
Con el pitido final, no todos los frentes estaban cerrados. Con los jugadores camino de vestuarios se produjo la traca final para considerar lo visto hasta ese momento una batalla campal más que lo que era, un partido. Una gran trifulca entre integrantes de ambos clubes, y más gente sin identificar, cerró la noche sobre El Rubial. Una noche en la que el fútbol quedó en segundo plano y lo que se vio dejó mucho que desear.



















































