El Real Murcia vence al Tarazona, rival directo por la salvación, y coge aire. La primera mitad transcurrió exactamente bajo el guión esperado. El conjunto grana se adueñó de la posesión desde el pitido inicial, asumiendo la iniciativa ante un rival muy bien plantado sobre el verde. Los visitantes, cómodos en su bloque, cerraban espacios de manera ordenada y lograban contener el monólogo local sin llegar a sufrir en exceso.
El dominio posicional amenazaba con volverse estéril hasta que tuvo que aparecer el de siempre. En un partido que pedía a gritos alternativas para romper el muro, Óscar Gil demostró ser el único en interpretar que la llave estaba en el disparo de media distancia con un certero zapatazo desde fuera del área, inaugurando el marcador en el minuto 34′, firmando así su tercer tanto con la elástica grana.
El gol sirvió como catalizador. Tras la diana, el equipo de Curro Torres se quitó los nervios de encima y firmó sus mejores minutos sobre el césped, desplegando un juego mucho más fluido y punzante. Sin embargo, a pesar del evidente paso al frente y de rondar el área rival con peligro, la efectividad no acompañó para materializar el segundo tanto, enviando a los jugadores al túnel de vestuarios con una victoria por la mínima (1-0).
El guión cambió drásticamente tras el paso por vestuarios. Aunque el Real Murcia saltó al verde con la intención de mantener el monopolio del balón, el Tarazona dio un evidente paso al frente. Los aragoneses comenzaron a adelantar y arriesgar en sus líneas de presión, buscando la recuperación rápida para salir en tromba al contragolpe. Las verdaderas intenciones visitantes ya se habían asomado instantes antes en una falta a favor de los granas, donde el cuadro rojillo se atrevió a dejar descolgado a uno de sus puntas, lanzando un claro aviso a navegantes.
Esa osadía visitante encontró su premio, y el punto de inflexión del choque, en el minuto 60. En una de esas transiciones rápidas que tanto buscaba el Tarazona, Jorge Mier se vio obligado a frenar la acometida y terminó expulsado, dejando a los locales con diez hombres con media hora de juego aún por delante. Con la superioridad numérica en el bolsillo, el conjunto aragonés no dudó en instalar su campamento base en el campo pimentonero.
Tocaba arremangarse y sufrir. El cuerpo técnico leyó la situación de emergencia y reaccionó blindando a su equipo con una férrea línea de cinco zagueros. El mandato era claro, defender el área propia a toda costa. Lo que siguió fue un agónico ejercicio de supervivencia por parte de un Murcia embotellado. La tensión alcanzó cotas máximas al filo del descuento, cuando en el minuto 89 un gol anulado a los visitantes contuvo la respiración de toda la grada.
Pero el muro, esta vez, resistió hasta el pitido final. El 1-0 definitivo es mucho más que un triunfo agónico, es una enorme liberación. El equipo pimentonero logra dinamitar la pesada losa de diez jornadas consecutivas sin conocer la victoria, vuelve a brindar un triunfo a su afición en el Enrique Roca tres largos meses después y le otorga a Curro Torres su primera y sufrida victoria como técnico grana.



















































