El UCAM Murcia vio cómo su sueño continental se desvanecía en una noche de máxima exigencia en el Palacio de los Deportes. El conjunto universitario cayó en la vuelta de las semifinales de la FIBA Europe Cup ante un combativo PAOK BC, que supo hacer valer el factor cancha en un ambiente incandescente para sellar su pase a la gran final.
Desde mucho antes del salto inicial, el ambiente en el pabellón murciano anticipaba una batalla de alto voltaje. Gradas llenas, presión constante y una afición entregada empujaron a un cuadro universitario que salió decidido a imponer su ley desde el primer minuto. El inicio fue cuesta arriba para los murcianos, superados en intensidad y castigados por el acierto exterior de los visitantes, que encontraron rápidas ventajas aprovechando también algunas imprecisiones del UCAM en ataque.
Lejos de descomponerse, el equipo dirigido por Sito Alonso supo resistir el vendaval inicial. A base de defensa, control del rebote y mayor circulación de balón, el UCAM fue encontrando mejores sensaciones con el paso de los minutos. El segundo cuarto marcó un punto de inflexión: los universitarios lograron frenar el ritmo del PAOK y comenzaron a ver aro con mayor claridad, equilibrando el encuentro y devolviendo la incertidumbre a la eliminatoria.
El paso por vestuarios no enfrió la reacción murciana. Más bien al contrario. El tercer cuarto mostró la mejor versión del UCAM en toda la eliminatoria. Intensos atrás, solidarios en las ayudas y con mayor acierto en ataque, los visitantes lograron darle la vuelta al marcador, llegando incluso a manejar una ventaja que alimentaba seriamente las opciones de clasificación. El juego colectivo fluía, las decisiones eran acertadas y el silencio comenzaba a asomar tímidamente en las gradas griegas.
Pero si algo caracteriza al PAOK es su capacidad competitiva. Cuando peor parecía el panorama para los locales, emergió su carácter. Con paciencia, oficio y el empuje constante de su afición, el conjunto heleno fue recortando diferencias, castigando cada pequeño error del UCAM y devolviendo el partido a un terreno de máxima igualdad antes del último periodo.
El desenlace fue una auténtica batalla emocional. Cada posesión se jugaba al límite, cada defensa era un pulso y cada ataque una prueba de nervios. En ese contexto, los detalles inclinaron la balanza. El PAOK se mostró más acertado en los momentos decisivos, especialmente desde la línea de tres puntos y en los tiros libres, mientras que el UCAM acusó el desgaste físico y la presión ambiental en acciones clave.
A pesar de ello, el conjunto murciano nunca bajó los brazos. Peleó hasta el último segundo, buscando una reacción que nunca llegó a completarse. La bocina final confirmó la eliminación, pero también dejó la imagen de un equipo que compitió con orgullo, personalidad y ambición en uno de los escenarios más complicados del baloncesto europeo.
La eliminatoria, marcada por la igualdad en ambos encuentros, se decidió por pequeños matices: la gestión de los finales, el acierto en momentos puntuales y el peso del factor cancha. El PAOK avanza a la final tras demostrar su solidez y experiencia, mientras que el UCAM se despide con la sensación de haber estado muy cerca de lograr algo histórico.
Más allá del resultado, la participación del UCAM Murcia en esta edición de la FIBA Europe Cup deja un balance muy positivo. El equipo ha dado un paso adelante en el panorama internacional, compitiendo de tú a tú contra rivales de entidad y consolidando un proyecto ambicioso.
El Palacio de los Deportes fue el final del camino, pero también el reflejo de un crecimiento. El UCAM cae, sí, pero lo hace de pie, dejando claro que su nombre ya resuena con fuerza en Europa.



















































