Las buenas sensaciones del verano cristalizan en un arranque fulgurante sellado con una exhibición por 4-0 ante el Teruel para tomar el mando de la categoría
Las sensaciones veraniegas han tardado apenas dos jornadas en transformarse en realidades tangibles. El Real Murcia ha arrancado la competición oficial con un golpe en la mesa, situándose en lo más alto de la clasificación tras firmar este pasado domingo un triunfo impecable por 4-0 frente al CD Teruel. Un resultado incontestable que no solo deja tres puntos en el casillero, sino que ratifica la ambición de un bloque que salta al césped con la premisa innegociable de buscar siempre el siguiente gol sin conceder un solo metro en defensa.
El sello de Sergi Guilló es ya perfectamente reconocible en la propuesta grana. El conjunto murciano exhibe un compromiso colectivo defensivo asfixiante y una verticalidad letal explotada por dos extremos inagotables: Javi Moreno percutiendo por la banda derecha y Joel Jorquera desbordando por la izquierda. A este dinamismo exterior se suma la notable metamorfosis de futbolistas como Cristo Romero —autor del tercer tanto con una genialidad con el exterior del pie— y Álvaro Bustos, actuando con soltura desde la mediapunta. Ambos nombres, que el curso pasado no terminaron de explotar bajo ninguno de los tres técnicos que ocuparon el banquillo, muestran ahora su mejor versión táctica y de confianza.
Con solo seis puntos disputados resulta prematuro aventurar conclusiones definitivas para el devenir de la temporada. Sin embargo, la comunión con la grada, la contundencia ofensiva y la solidez mostrada demuestran que el proyecto ha arrancado con el pie en el acelerador. Este Real Murcia no solo gana: convence, divierte e ilumina el camino del murcianismo.


















































