El UCAM Murcia ha puesto punto final a su preparación estival con un sabor de boca muy familiar. La derrota sufrida este domingo en la pista del Casademont Zaragoza (87-74) dejó sensaciones agridulces en el bando universitario con un bloque superado en el plano físico, un ritmo de juego más espeso y lastrado por la falta de acierto exterior. El técnico Sito Alonso achacó este bajón al tremendo desgaste acumulado tras disputar tres exigentes encuentros en una semana con desplazamientos de por medio a Jaén y Zaragoza. Con el equipo situado al 70-80% de su potencial, según el técnico, el horizonte inmediato marca ya el estreno liguero de este próximo domingo frente al Bàsquet Girona.
Sin embargo, más allá del análisis táctico o del cansancio acumulado, el verdadero foco de atención reside en un llamativo paralelismo. La situación vivida este fin de semana es un calco exacto de lo que ocurrió el curso pasado.
El espejo del Élan Chalon: cuando el mal final auguraba un gran comienzo
Hace exactamente un año, el guion previo al pistoletazo de salida oficial fue idéntico. En aquel entonces, el UCAM cerraba su puesta a punto disputando la ronda final de la fase previa de la Basketball Champions League (BCL) ante el Élan Chalon. El conjunto francés superó por completo a los murcianos en todas las facetas del juego, dejando unas vibraciones sobre el parqué muy similares a las experimentadas recientemente en el Príncipe Felipe de Zaragoza.
Ese último tropiezo dejó dudas en el ambiente que parecían presagiar un inicio dubitativo, pero la realidad disipó cualquier fantasma desde el salto inicial de la competición oficial. El equipo supo rehacerse de inmediato y transformar las dudas de la pretemporada en un rendimiento sobresaliente desde la primera jornada.
Radiografía de aquel precedente europeo
Para entender la magnitud de aquel espejo en el que ahora debe mirarse el conjunto de Sito Alonso, vale la pena repasar las estadísticas brutas de aquel encuentro clave de la fase previa de BCL frente al Élan Chalon.
Aquel exigente choque reflejó las dificultades de tiro exterior que marcaron el devenir del choque, cerrando el equipo globalmente con un pobre 21,4% en triples (6 de 28), mientras que en la pintura y el juego interior buscó la fluidez con un 52,2% en tiros de dos (24 de 46) para un total de 40,5% en tiros de campo.
El perímetro universitario sufrió especialmente para encontrar la regularidad. Michael Forrest, llamado a asumir galones en la anotación exterior, se quedó en 9 puntos tras un sufrido 4/13 en lanzamientos de campo, lastrado por su 1/6 en triples en casi 18 minutos de juego. En una línea similar se movió David DeJulius, quien fuera una de las estrellas esta última campaña en ACB, firmó aquel día 7 puntos en algo más de 19 minutos, firmando un 3/8 general y un impreciso 1/5 desde más allá del arco.
Bajo los aros, la presencia física de Devontae Cacok dejó en sus 14 minutos sobre el parqué, 6 puntos con un notable 3/5 en tiros de dos (60% de acierto), aunque el equipo echó en falta una mayor continuidad en la pintura para contrarrestar el entramado defensivo galo, pues fue expulsado por faltas. Precisamente en el encuentro disputado ayer, Jean-Marc Pansa, la nueva referencia interior, se cargó también de faltas en el mismo periodo de tiempo y aportó una cifra prácticamente idéntica de puntos (5). Un rendimiento general que parecía evidenciar los mismos ajustes pendientes a día de hoy.
Aquel correctivo europeo sirvió de toque de atención y laboratorio de pruebas para corregir errores estructurales antes de la hora de la verdad. Hoy, siendo el test ante Zaragoza un simple amistoso y con el estreno liguero en Girona a la vuelta de la esquina, el UCAM Murcia se aferra a esa misma historia, transformar los tropiezos de pretemporada y las sensaciones dubitativas en puro espejismo para un equipo diseñado de nuevo para competir al máximo nivel.



















































