La temporada 25/26 quedará grabada como el curso en el que la Factoría Grana dejó de ser una promesa para convertirse en una realidad competitiva
En el fútbol moderno, donde la urgencia del resultado suele devorar la paciencia con los jóvenes, la entidad pimentonero ha encontrado este año un oasis de valentía. Bajo la gestión deportiva de esta campaña, con Asier Goiria y posteriormente Pedro Asensio al mando del primer equipo y cantera (desde la semana pasada, Manuel Sánchez Breis), no solo ha mirado hacia el Real Murcia Imperial por necesidad, sino por convicción. Los números no mienten: once futbolistas del filial han derribado la puerta del primer equipo, donde el ejemplo más destacado ha sido Héctor Pérez, que pese a debutar el curso pasado, ha demostrado una solidez pasmosa cuando ha formado parte del once, erigiéndose incluso como el mejor defensa central del equipo a sus 20 años.
El muro de Can Dragó: El último ejemplo
Lo vivido este pasado fin de semana en el estadio del CE Europa fue la metáfora perfecta de lo que está ocurriendo. Cuando el guion del partido se torció con la expulsión de Diego Piñeiro, todas las miradas se posaron en el banquillo. Allí estaba Manu García, un guardameta que, sin apenas tiempo para calentar, saltó al césped para debutar en un escenario de «quema».
Su actuación, sobria y providencial bajo palos, no fue un hecho aislado, sino el último eslabón de una cadena de aciertos. El murciano de 21 años personificó la madurez de una cantera que no se achica ante los escenarios de máxima presión.
Una lista para la esperanza
La lista completa de este «baby-boom» grana es amplia y variada:
- Guardameta y Defensa: Manu García (portería), Jorge Sánchez, Rubén Vila, Kayode Adebayo, Alhassane Sylla y el paso adelante de Héctor Pérez (aunque debutó el curso pasado)
- Músculo, control y peso ofensivo: Mathieu Seyram, Izan Segura, Aitor Sarabia, Alejandro Meca, Manu Lara y Alonso Yoldi.
El futuro se escribe en clave local
¿Por qué es esto vital para los próximos años? La respuesta es la sostenibilidad. Un Real Murcia que pueda nutrirse de su base es un club más fuerte económicamente y, sobre todo, más conectado con su grada. El sentimiento de pertenencia que aportan estos chicos es el pegamento que necesita cualquier proyecto que aspire a cotas más altas.


















































