El conjunto de Sergi Guilló asaltó el Rico Pérez doce años después con máxima efectividad ofensiva y la solidez de Dani Jiménez como pilares de la primera victoria del curso
El Real Murcia ha arrancado la temporada con una victoria de peso que trasciende lo meramente numérico. Romper una maldición que se prolongaba desde 2014 en un feudo tan exigente como el Rico Pérez consolida las buenas sensaciones trazadas durante la pretemporada por el bloque de Sergi Guilló. Aunque el juego en Alicante no alcanzó cotas de brillantez, el equipo exhibió una seriedad competitiva, un compromiso colectivo y un nivel de sacrificio que marcan un perfil claramente distinto al de campañas anteriores.
El planteamiento táctico volcó el peso del choque en los costados. La hiperactividad de Víctor Olmedo y Cristo Romero en los carriles generó mayor caudal de juego que la propia zona de creación interior durante el primer tiempo, permitiendo al equipo percutir con velocidad. Arriba, la contundencia fue máxima en el segundo con Javi Moreno y David Flakus ejerciendo de estiletes en un ataque con colmillo, al que se suma la amenaza constante de un Joel Jorquera llamado a ser decisivo. En la retaguardia se atisbaron ciertas fragilidades que necesitan ajuste, pero cualquier desajuste quedó neutralizado por una actuación incontestable de Dani Jiménez bajo los palos.
La marea grana, que desplazó a cerca de 3.000 aficionados a Alicante firmando un ambiente propio de otra categoría, ya mira a la siguiente cita de este próximo domingo. El estreno en el feudo murcianista ante el CD Teruel se presenta como el escenario ideal para refrendar este prometedor inicio de campeonato ante su afición.


















































