El equipo de Curro Torres afronta un exigente tramo final de calendario con la urgencia de sumar puntos y la obligación de evitar jugarse la permanencia a cara o cruz en la última jornada
El curso futbolístico entra en su fase más crítica y el Real Murcia se encuentra inmerso en una realidad que muy pocos preveían cuando echó a rodar el balón allá por el mes de agosto. Con solo cinco jornadas por delante, el conjunto grana no mira hacia los puestos de gloria, sino que se juega algo mucho más vital y acuciante: la salvación.
Las dos recientes derrotas, sufridas in extremis ante Nástic y la reciente contra Antequera, han caído como un jarro de agua fría sobre la plantilla. Lejos de ser simples tropiezos, estas caídas de última hora amenazan con convertirse en una pesada losa psicológica para un grupo de jugadores diseñado para otros objetivos. A la frustración deportiva se le suma la presión inherente de defender un escudo histórico y responder ante una afición tan fiel como exigente, un cóctel mental que el equipo deberá gestionar con máxima urgencia.
El Enrique Roca, un feudo vulnerable
Si algo ha penalizado al equipo esta temporada es su falta de contundencia en casa. Los números en el Estadio Enrique Roca dejan mucho que desear y explican, en gran medida, la delicada situación actual. Apenas 23 puntos sumados de 51 posibles, un balance negativo, con más tantos encajados (20) que a favor (19).
Ante su público, a los pupilos de Curro Torres tan solo les restan dos balas. La primera llegará en la jornada 36 frente al Betis Deportivo, un duelo trampa ante un filial que podría llegar ya descendido matemáticamente o, por el contrario, presentarse como un verdugo, viendo la dinámica que están mostrando recientemente, cosechando 10 de los últimos 15 puntos disputados. La segunda y última cita en el feudo grana será en la jornada 38, el cierre del campeonato, ante un CD Eldense que marcha líder y exhibe un estado de forma excelente. Llegar a ese último partido con la necesidad imperiosa de ganar en casa se perfila como un escenario de altísimo riesgo.
Un ‘Tourmalet’ a domicilio
Lejos de la capital del Segura, el calendario no da tregua. Durante las dos próximas semanas, viajarán a tierras catalanas para medirse a dos conjuntos que pelean con el cuchillo entre los dientes por la zona noble, el CE Europa, equipo que marca actualmente la codiciada zona de playoff y el CE Sabadell, un histórico en plena pugna por el ascenso directo, disputándole la corona al mismísimo Eldense.
Posteriormente, en la penúltima jornada, los granas visitarán al Juventud Torremolinos. Este encuentro está marcado en rojo en el calendario, ya que se trata de un rival directo que se encuentra en una situación idéntica, luchando a brazo partido por eludir el descenso.
Prohibido sacar la calculadora
El diagnóstico es claro y el margen de error, inexistente. Lejos de perder el tiempo haciendo cábalas o mirando de reojo el calendario de los rivales, la premisa en el vestuario debe ser una sola: sumar todos los puntos posibles en cada batalla.
El objetivo primordial del Real Murcia es hacer los deberes a tiempo y evitar, a toda costa, llegar a la última jornada jugándose la vida a cara o cruz delante de su público, en un estadio donde este año los números no invitan precisamente al optimismo. Es la hora de la verdad; es el momento de que el orgullo grana se imponga a la presión.



















































