Tras amarrar ante el Nàstic de Tarragona un pleno de tres victorias en el Enrique Roca, los granas buscan asaltar la cima en el derbi del miércoles ante el Cartagena y romper una sequía de la que no disfrutaban desde febrero de 2025
El Real Murcia acaricia la oportunidad de dar un golpe de mano histórico a la tabla del Grupo 2 de Primera RFEF. La sólida victoria cosechada este domingo ante el Nàstic de Tarragona (2-0) —que supuso el tercer triunfo consecutivo en el Enrique Roca y un arranque inmaculado con 9 puntos de 9 en casa— ha situado al conjunto dirigido por Sergi Guilló a las puertas del liderato en solitario de la categoría.
Una cima que, más allá del impacto anímico de asaltarla en el derbi comarcal de este miércoles frente al FC Cartagena, serviría para romper una sequía de dos años sin ocupar el puesto de honor del fútbol de bronce.
Y es que hay que remontarse a febrero de 2025, tras vencer con contundencia al AD Mérida (1-4) para encontrar la última vez que el club grana llegó a mirar a todos sus rivales desde lo más alto de la clasificación en Primera Federación. Aquella breve etapa en el primer puesto supuso una excepción dentro de un largo historial de irregularidad que impidió al equipo consolidar el objetivo del ascenso directo. Dentro de esa misma campaña de la jornada 7 a la 10 el cuadro grana también saboreó la cima de la clasificación.
Previamente, la afición pimentonera había tenido que esperar nada menos que ocho años (desde abril de 2016 en la antigua Segunda B) para saborear una posición de liderazgo que históricamente se le ha exigido por entidad y presupuesto.
El escenario que afronta el equipo de Sergi Guilló este miércoles es idóneo para revertir esa dinámica. Con una propuesta táctica caracterizada por la velocidad por bandas, el olfato en el área de arietes como Flakus y la contundencia atrás liderada por Dani Jiménez bajo palos y Héctor Pérez como líder de la defensa, los pimentoneros llegan al clásico regional instalados en una dinámica de madurez colectiva.
Sumar los tres puntos en la Trimilenaria no solo certificaría el gran momento grana, sino que devolvería formalmente al Real Murcia al lugar más alto del mapa futbolístico en la división de bronce dos años después.



















































