Los granas dominan con puño de hierro lejos de la Región, pero su alarmante irregularidad como local penaliza año tras año el ansiado objetivo del ascenso a la categoría de plata
Hay realidades en el fútbol que desafían a la lógica, y la que vive el Real Murcia en la Primera Federación es, sin duda, una de las más complejas de descifrar. Desde que desembarcase en la categoría de bronce en la campaña 2022/2023, el club grana ostenta un honor idílico: es el equipo con más victorias a domicilio de toda la competición (32). Sin embargo, este brillo impecable fuera de casa se apaga de forma dramática cuando el equipo pisa su propio feudo. El Enrique Roca, lejos de ser un fortín inaccesible, se ha convertido en el gran talón de Aquiles de la entidad.
Reyes de la carretera
Los números no mienten y hablan de un equipo con una personalidad arrolladora cuando actúa como visitante. Ya en la temporada de su debut en la categoría (22/23), el Real Murcia se coronó como el mejor visitante de su grupo, rascando unos meritorios 27 puntos de 57 posibles.
La historia no solo se repitió, sino que mejoró el curso pasado (24/25) bajo la batuta de Fran Fernández. A domicilio destrozó registros sumando 34 de 57 puntos lejos de casa. Una tarjeta de presentación de campeón legítimo que, sin embargo, no bastó para saborear la gloria del ascenso directo ni en playoff.
El «miedo escénico» de la Nueva Condomina
El panorama cambia drásticamente cuando el Real Murcia juega al amparo de su hinchada. La irregularidad ha sido la tónica dominante en un estadio que, por masa social e historia, debería intimidar al rival y no al revés. En ninguna de las temporadas en Primera Federación el club ha logrado colarse entre los mejores locales; de hecho, su techo histórico en la categoría es un tibio décimo puesto.
La gravedad de la situación ha tocado fondo en esta última campaña. En un año durísimo donde el fantasma del descenso ha rondado peligrosamente la capital del Segura, el cuadro pimentonero ha firmado registros de alarma social, consagrándose como el cuarto peor local del campeonato, solo por delante de tres clubes matemáticamente descendidos desde hace ya varias jornadas. Una sangría de puntos en casa que ha penalizado en exceso a un bloque diseñado para cotas mucho mayores.
El balance grana en Primera Federación:
La virtud: El rival más temido a domicilio desde 2022.
La condena: Incapaz de pasar del 10º mejor local en tres temporadas.
El abismo: Cuarto peor equipo en casa en este último curso.
Una asignatura obligatoria para el ascenso
El diagnóstico está claro y el cuerpo técnico lo sabe: el mayor debe pasa por quitarse de encima el «miedo escénico» del Enrique Roca. Para un club cuya masa social responde, con 18.000 abonados durante el último curso, y empuja en cada jornada, transformar los partidos de casa en un trámite hostil para el visitante no es una opción, es una obligación matemática y psicológica.
La Segunda División espera a un Real Murcia que ya ha demostrado tener alma de líder en territorio comanche. Ahora, el verdadero reto del proyecto grana no es aprender a ganar, sino recordar cómo se manda en su propio hogar.


















































