Tras asegurar una temporada más su plaza en la exigente Segunda FEB, el máximo mandatario del club molinense, hace balance de un curso marcado por el sufrimiento, la comunión con la grada y, sobre todo, una firme apuesta por el talento local, además de dibujar la hoja de ruta para el futuro del club
El Ciudad Molina Basket ha logrado su gran objetivo: la salvación. Lo ha hecho sufriendo hasta el final, pero manteniéndose fiel a una filosofía atípica en la categoría: confiar en un bloque de jugadores de la casa que ya venían de competir en la Tercera FEB.
La «catarsis» de Serrerías y los héroes locales
El partido decisivo por la permanencia dejó imágenes imborrables en el pabellón de Serrerías, que registró una entrada espectacular de más de 1.200 espectadores, superando con creces su afluencia habitual. Para García Box, hombre ligado también al mundo del teatro, la conexión entre la grada y el equipo fue absoluta: «Ha sido de verdad algo catártico. La catarsis es cuando el público y los actores se encuentran y son lo mismo. Llevo 39 años de presidente, he pasado por muchas emociones, pero lo del sábado fue espectacular».
El presidente no dudó en personalizar el mérito en el esfuerzo colectivo, pero quiso hacer una mención especial a dos jugadores de la tierra que resultaron vitales en el rescate del equipo: Carlos Toledo y el canterano Fran Voltios, cuyo acierto final valió una categoría.
El ‘murcianismo’ como seña de identidad innegociable
Uno de los grandes motivos de orgullo es haber logrado este hito manteniendo a gran parte del núcleo duro de la temporada anterior. Lejos de buscar soluciones rápidas en el mercado extranjero, el Molina Basket tiene clara su vocación. Identidad frente a mercenarios: «Hemos mantenido un núcleo de cinco jugadores provenientes de la Tercera FEB y eso es un orgullo porque abunda poco. Hay equipos donde ves que son todos mercenarios; son buena gente, pero la implicación es la justa. El bloque es lo que hace la unidad y la fraternidad». Atracción de talento regional: «Debemos seguir incidiendo en el murcianismo. El objetivo debería consistir en traer todo el talento murciano que podamos, porque todo lo que hagamos con la gente de casa siempre estará bien reconocido».
El proyecto de futuro: Presupuesto y sinergias deportivas
De cara a la próxima temporada, la entidad molinense ya trabaja en la renovación de compromisos institucionales y patrocinios. El salto cualitativo de la categoría ha dejado lecciones importantes, y el presidente cuantifica el esfuerzo necesario para dar un paso al frente: «Manteniendo la estructura, la humildad y nuestro sistema, necesitaríamos unos 40.000 euros más de presupuesto para intentar no sufrir tanto y poder incorporar a dos jugadores de nivel».
Además, la directiva busca establecer una red de colaboraciones estratégicas para potenciar el desarrollo de los jugadores. Establecer una relación directa con el UCAM Murcia de la ACB para compartir jugadores en desarrollo, como es el caso del prometedor Pablo Sevilla y buscar acuerdos con equipos que asciendan a la Tercera FEB (como el Infante) para ceder a aquellos jugadores jóvenes que necesiten minutos, dado que «el salto entre la Nacional y la Segunda FEB es demasiado grande».
El objetivo final es ambicioso pero solidario, convertirse en un trampolín para el talento local. «Que tengamos un club con cuantos más murcianos mejor, compitiendo con solvencia, es una maravilla. Si hay alguno que destaca muchísimo y llega a la élite, ojalá; queremos ser esa plataforma», concluye García Bosch.
Un apunte histórico en el horizonte
Al margen de la actualidad del club, Joaquín García Box adelantó su próximo proyecto personal y literario. Con motivo del 70º aniversario de la Federación de Baloncesto de la Región de Murcia, publicará a finales de año un libro que recogerá los 70 años de historia del baloncesto murciano, consolidando así su compromiso absoluto con la memoria y el futuro de este deporte en la región.
















































